domingo, 8 de octubre de 2017

PERSONAS: ORIGEN Y FIN



A lo largo de mi carrera he visto y visitado cientos de empresas de todo tamaño, naturaleza y actividad. Las he visitado por todo el mundo y poco importa su localización o sector de actividad, todas tienen una cosa en común: las personas.

No es lo mismo visitar un matadero y sala de despiece en Túnez, que una siderúrgica en Brasil, ni siquiera un astillero en Francia. Es cierto que el componente cultural influye y afecta mucho, pero lo que hace que una organización pase de ser mediocre a ser un engranaje perfecto generador de valor, motivación y talento son las personas. Personas que gestionan tecnologías, investigaciones, mercados, productos, flujos monetarios y… personas.

Las personas, siempre, están ahí. Las personas son capaces de crear y marcar las diferencias. Pero no olvidemos que dentro del catalogo de individuos hay, como en botica, de todo: desde lo mejor a lo peor. Si, las personas hacen grandes las empresas, son capaces de tumbarlas y hundirlas en la mayor de las miserias. Los valores que tenemos, los contagiamos a nuestras empresas. No podemos aislar la actividad empresarial del resto de nuestras actividades.

En fechas tan tristes como las que vivimos, en donde vemos que la mediocridad y vehemencia de líderes políticos, tenemos que reflexionar en profundidad sobre la proyección de los valores personales en nuestra actividad profesional. Cualquiera con dos dedos de frente tendría problemas a la hora de imaginar a un directivo creando problemas entre sus clientes de forma reiterada y continuada. Nadie puede imaginar a un vendedor rebajando el valor de sus productos y empujando al cliente a los brazos de la competencia.

Pues eso están haciendo nuestros políticos: eludir sus responsabilidades, olvidar a quien han de servir y sobretodo pensar en objetivos mas elevados y a largo plazo; contribuir a la construcción de un futuro sólido y competitivo. De esa forma, los dirigentes empresariales guardan dinero para invertir en nuevas tecnologías, visitan ferias y clientes para ver que necesidades y apuestas hay en el mercado, hablan con clientes y trabajadores para conformar un ecosistema que sea el motor de la construcción del futuro. Todo esto, porque tienen un elevado objetivo: la viabilidad de su empresa en un futuro del que se desconocen los productos y clientes aun. Pero como el empresario ha de ver el presente y tener un equipo que lo gestione de forma honesta, eficiente y rentable, trabajar para preparar su organización para el futuro cercano y configurar el futuro lejano con innovaciones disruptivas, necesidades desconocidas y clientes carentes, de momento, de identidad.

Lo cierto es que para ser empresario, al igual que para ser político, hay que ser un hombre de acción, valiente, honesto y sobretodo soñador. Hay que soñar con un futuro que creamos desde el presente. Entendiendo que el futuro es la consecuencia de la secuencia de acciones presentes; las secuelas de nuestros actos son aquellas que crean el futuro. Por ello, tanto en las empresas como en la política, necesitamos la pasión de quien cree en lo que hace y porqué lo hace, la vehemencia del que, preso de la locura fruto del amor mas puro por sus metas, es capaz inspirar a cuantos le rodean de la fuerza necesaria para superar sus propias barreras en búsqueda de su objetivo; objetivo que, en aras a superarnos día a día, ha de ir desplazándose a metas más altas, ambiciosas y enriquecedoras para todos.


Poco importa que tus venturas sean políticas, personales, religiosas o empresariales, lo que importa es que capacidad tienes de hacer tu aportación para cambiar el mundo: siendo agente de cambio o bien siendo parte del cambio. Lo importante es participar de forma consciente y activa compartiendo con quienes te rodean con lo mejor de tus valores. Trabaja y cultiva tus valores desde el respeto y contagia a tu entorno con ellos. Siembra, desde la positividad, y nadie te quitará la satisfacción de hacer lo que debes y en lo que crees.

viernes, 18 de agosto de 2017

NADIE ES PERFECTO



En una de mis películas icónicas, “Con faldas y a lo loco”, acaban con esta frase, poniendo el amor o la atracción por delante del “pequeño inconveniente” que el “amado/admirado”, lejos de ser una mujer rubia, es el pillo Tony Curtis. Aquí quiero usar la “gran frase del final” para ilustrar un breve texto.

“Nadie es perfecto” es una obviedad que no por obvia, pero si por cierta, usamos muy a menudo. Pero creo que no la aplicamos a nuestros grandes “iconos” o las los “iconos sociales, culturales o políticos”. Me explico: todos tenemos nuestras luces y sombras. No es raro escuchar que Picasso era un genio, pero que era un golfo, o que Churchill, cuyos valores no se discuten, amaba en exceso la ginebra. Siempre tenemos que intentar “ensombrecer” los méritos, talentos o logros, con una cuñita “cabrona” no exenta de envidia encubierta bajo un “halo” de santidad.

Efectivamente señores, ¡todos tenemos nuestro lado oscuro! Lado que puede ser el amor a la ginebra, las faldas, coleccionar imanes para la nevera, … Pero hemos de ser capaces que dicha cruz de la moneda, no empañe el brillo de la cara, el valor de sus logros, éxitos, hazañas,… Si Picasso, a parte de sus geniales obras, era amante del sexo duro… es su vida y tiene todo el derecho del mundo a emplearla como mas le guste. Dudo que ni siquiera los Santos no tengan algo que no quisieran que saliese a la luz. La historia ha de ser capaz de poner en valor esos logros y de mostrarnos que también era humano y tenia sus debilidades. Repito “todos” las tenemos.

Hace poco, en Madrid, empezaron en una cena de trabajo a hablar sobre un político al que tengo el gusto y honor de conocer, tutear y que recuerde mi nombre y uno de los comensales alababa su labor política, cosa que comparto plenamente. Al cabo de unos minutos, ya salió otra persona a criticar y apuntar que si le gusta esto o lo otro,… intentando ensombrecer a este personaje público. Yo, a la vez que empecé a reflexionar sobre el tema, dije que lo que haga, siempre dentro de un orden, es de su incumbencia ya que no afecta a su labor profesional y vocacional. Intenté hacer un símil con un médico que estaba en la mesa y a parte de un brillante profesional es un aficionado a la buena mesa y sobremesa, como todos pudimos comprobar. Dicha afición, no le afecta a su profesionalidad y forma parte de su vida privada. No convencí a todos, pero si sembré ciertas dudas y con eso me di por satisfecho.

Cierto es que hay ciertos personajes públicos han de intentar dar ejemplo de un comportamiento correcto, dentro de la legalidad y con respeto al prójimo. Pero dentro de los límites admisibles para cualquiera, tenemos que ser tolerantes a la hora de juzgar de forma excesivamente intransigente a nadie, sea o no personaje público. Creo que los mal llamados “nuevos partidos” han de tomar nota de esto. Sus prejuicios desde la atalaya del anonimato, con una autoridad moral no ganada y poca consistencia, no aguantan ni una investigación. Ellos también tienen sus “pecados” y no creo que sea positivo que contagien a nuestra juventud con esa arrogancia de juicio, sin consciencia de la fragilidad de sus arrebatos y alegatos panfletarios.


Nadie es perfecto, yo el primero. Pero por favor hagamos un ejercicio de humildad antes de juzgar y ver “la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Nos hará mas empáticos, dialogantes y felices y, por ende, mas grandes como personas.

lunes, 14 de noviembre de 2016

DEMOCRACIA... LA DIFICIL GESTIÓN DE LA DIFERENCIA


A pesar del paso de los años, sigo sin entender que ciertas pulsiones ideológicas limiten nuestro ejercicio de los principios democráticos de forma tan descarada.

Desde España, erigiéndonos en representantes de la “vieja Europa”, nos dotamos de una altura moral y ética suficiente, como para juzgar el ejercicio de la democracia de una país como los Estados Unidos. Cierto es que siempre ha resultado muy “trendy” ser anti americano en este país, llegando al colmo de la falta de respeto cuando un candidato a la presidencia de gobierno (que por cierto luego lo fue) no se levanta ante la bandera americana en el desfile. En ciertos ambientes, eso queda muy “cool”, pero en realidad es una falta de respeto a todo un pueblo, no a un presidente, administración o colectivo.

A diferencia de en España, en donde nos lo tendríamos que hacer mirar, la bandera de barras y estrellas representa a todos los americanos; poco importa que sean de Illinois, Missouri, California o Utah. Los más de 350 millones de americanos están orgullosos de ella, lo que representa y por ello es un símbolo que ondea, con orgullo, en todo el país. No por ello los tejanos, por ejemplo, que tienen su bandera de la estrella solitaria, renuncian a sus costumbres y cultura local. Los Estados Unidos de América son mucho mas variados y diferentes de lo que nos pensamos desde Europa y un tejano poco tiene que ver con un californiano, georgiano o de Nueva York. En su variedad radica su riqueza, a la que no renuncian.

Pero esto no es el objeto de este post. Lo que pretendo exponer es mucho mas sencillo. Ser demócrata significa que, cumpliendo con el conjunto de reglas establecidas y acordadas, ejerzo mi libertad, sin coartar la de mi prójimo respetando la del resto de igual forma. Eso significa que, si no pienso como tu, te respetaré y no te tildaré de “rojo” o “facha” por expresar tus ideas y que si ganas unas elecciones he de aceptarlo. Por otra parte tu tendrás que buscar gobernar para “todos” no solo para los tuyos. En eso, querido lector, los americanos nos dan sopas con ondas. Tienen un concepto del deber que no tenemos y carecen del revanchismo cainita que nos precia tanto en la piel de toro.

Personalmente no me gustaban ninguno de los dos candidatos a la presidencia de los EEUU. El uno por inexperimentado en las lidias del gobierno y por ser excesivamente “outsider” y la otra por ser excesivamente “insider” con demasiados vicios adquiridos. Una representa, en exceso el “establishment gubernamental” y es demasiado “políticamente correcta” y el otro, todo lo contrario. Como yo soy de los que cree que los cambios han de llevar tiempo si no queremos perder eficiencia, energía y efectivos en la transformación, creo que hay que tener una combinación de ambas opciones: insiders y outsiders que nos hagan salir de la zona de confort y nos lleven a la senda del progreso y la transformación social y económica que tanto necesitamos. Esto es aplicable tanto aquí como en EEUU, pero ahora hablo del país americano.

Creo que ni los contertulios radiofónicos, ni los políticos, ni siquiera los ciudadanos europeos tengamos el derecho moral de censurar un resultado electoral en un país con una tradición democrática mayor que la nuestra. Sus normas son distintas, sus usos y costumbre también, pero su habilidad para gestionarlas y respetarlas es mucho mayor que la nuestra. Tenemos que ejercitarnos más en el arte de convivir con el diferente sin querer desollarlo. Respetando las diferencias y las reglas de juego para interactuar. De la misma forma que nuestros gobernantes han de entender que han de hacerlo para todos, no solo para los que le votaron: nos deben fidelidad a todos los ciudadanos.

Si no nos quitamos en Europa ese complejo de superioridad moral y nos sacudimos el polvo que la historia nos ha ido aplastando, no seremos capaces de construir un futuro mejor; seguiremos con la degradación de la “grandeza” que un día tuvimos, que no fuimos capaces de retener, re inventar o re conquistar. Por todo ello, querido lector, hemos de aprender, desde la modestia, la generosidad, la empatía y la fraternidad, que ciudadanos somos todos y que todos tenemos el mismo derecho a ser felices y desarrollarnos. Pero no olvidemos que eso no significa que se nos dote, porque sí, de recursos que no somos capaces de generar, significa que tengamos las mismas oportunidades para generar felicidad, riqueza, bienestar y libertad.


No olvidemos que la perfección no existe y que nuestro “modelo de sociedad” solo implica a un 5% de la población mundial…

lunes, 3 de octubre de 2016

SINRAZÓN vs GENEROSIDAD

Imagen de El País

Llevamos casi un año en deriva política, con un gobierno en funciones y el principal partido de la oposición ante un escabroso precipicio. Han pasado muchos meses desde las elecciones de diciembre del 2015 y estamos a punto de agotar los plazos tras las de junio de este año.

El resultado no ha podido ser mas desgarrador: un PSOE con una crisis enorme y radiada en directo por los medios, un PP que sigue solo y no se esfuerza en abandonar esa soledad y un Podemos frotándose las manos. Todo esto es fruto de la sinrazón de dos personas, una al 75% y otra al 25%. El que lidera dicho ranking es el Sr. Sánchez que, ciego por su ambición de poder, no ha dado su brazo a torcer y ha puesto en practica todos los males de un político mediocre: inmovilismo, falta de dialogo, falta de empatía y no mirar los intereses del país. Por parte del Sr. Rajoy, el pecado es menor, pero no por ello menos pecado: aferrarse al poder.

Cuando uno ocupa ciertos puestos políticos, ha de ser generoso y con una amplitud de miras lejos del alcance de la clase política Ibérica. Hay que tener visión de conjunto, pensar a un plazo más allá de las próximas elecciones y tener claro a donde se quiere llevar al país, con ambiciones realizables y alcanzables. Los españoles somos conscientes que nuestro país es, en estos momentos, un país pobre: lo mejor que tenemos los exportamos, desde naranjas hasta cerebros. No somos capaces de invertir en conocimiento, tecnología o modelos de negocio del presente (no del ayer) y no imaginamos una economía sin inmobiliaria o turismo. Pero esto es lo que hay y, si queremos salir de este circulo vicioso, lo mejor que se puede hacer es trazar un plan, a medio plazo para ir hacia otros derroteros. Las claves del futuro están en la educación, el conocimiento, la capacidad de esforzarse y de hacer apuestas de estado sólidas a veinte años vista. Nuestro horizonte no puede ser a cuatro años, en el mejor de los casos.

Por ello, ahora que ha caído el Sr. Sánchez, tenemos, entre todos, que ayudar al PSOE a renacer de sus cenizas y si yo fuese del PP, pondría mis barbas a remojar; es decir empezaría una transición hacia un partido del siglo XXI, con unas miras más amplias, mas humildad, capacidad de dialogo e integración e incorporar al diferente a la solución. Esto, que en el mundo de la empresa es tan básico, en la política brilla… por su ausencia. No logro entender como un partido que tiene un hombre como Alfonso Alonso, no explota su capacidad de dialogo y llegar a acuerdos a nivel nacional. Se que Euskadi precisa de gente brillante y flexible, pero necesitamos mas personas de la “nueva era” en Madrid. Tienen que sacar toda la caspa del Foro e incorporar gente que aporte cambios reales, limpieza en el juego y retos reales al conjunto de la población. Personas que contribuyan a que el PSOE se levante porque es democráticamente sano hacerlo así, porque es importante demostrar a los “nuevos partidos” que no todo el pasado ha sido malo, que podemos limpiar juntos sin buscar vendetas, purgando nuestra sociedad (no solo a los partidos) de toda podredumbre ética, moral o económica.

Es la hora de los valientes, de los brillantes, de todo aquel que quiera comprometerse con un futuro cuyas mieles ellos no catarán, pero que asegure que nuestros hijos no tendrán que limpiar la porquería que les dejan sus padres. Es la hora de purgar a los mediocres, corruptos, ególatras y egoístas del sistema. Aquí no valen los eslóganes, solo los discursos sólidos y de calado. No pueden nuestros gobernantes hacer su trabajo a golpe de pancarta o de encuesta. Han de tener el valor, por no decir otra cosa, de sacrificarse en aras a construir un futuro mejor, a contribuir a que nuestro país tenga una propuesta de valor al mundo más allá del sol y playa o de frutos sabrosos. Se trata de la sostenibilidad de nuestra sociedad y valores. Se trata de forzar a la población a la excelencia, ayudando al que lo precisa, pero no primando al que no quiere esforzarse, abriendo las puertas al que quiera nuestra tierra y respete nuestra cultura, no al que pretenda instaurar e imponer la suya por encima de nuestra historia.

Se trata de entender, respetar y conservar nuestras diferencias como estado: nos hacen más ricos, mas inteligentes y abiertos a mejorar. Nuestras diferencias, lejos de alejarnos han de acercarnos por curiosidad y por la generosidad de compartir y, a partir de dichas diferencias tener un camino común, un proyecto de todos, para todos.

Se trata de exigir a nuestra sociedad en conjunto y a todos cuanto la componemos, a dar lo mejor de nosotros para un logro de todos. Respetar al que obtiene el merecido éxito a sus esfuerzos, inteligencia y compromiso, ayudándole a que su éxito pueda ser compartido por cuantos le rodean, pero a la vez, poner todo cuanto sea necesario, para que el resto le imite e intente obtener iguales o mejores resultados.

Si a estas alturas no entendemos que vivimos en una sociedad ultra conectada, en donde lo individual pierde peso y lo que lo gana son los lideres, los influencers y las personas que nos muestran el camino… vamos mal. Por ello, los políticos, a los que todos elegimos han de convertirse en el ejemplo a seguir. Es la única forma de regenerar la política, ennoblecerla y sobretodo a que recupere el respeto del ciudadano. De ahí que creo que, como ante cualquier crisis, el PP tiene una oportunidad de oro en no asestar el golpe de gracia al PSOE, tendiéndole la mano y ayudándole a configurar la hoja de ruta de la próxima legislatura. Tarde o temprano, no se si el partido, pero si las personas que en él están, volverán al poder y tal acto de generosidad será respetado, no solo por la población, sino por quien tenga la responsabilidad de gestionarnos desde el gobierno.

Sr. Rajoy, sea generoso con el PSOE, sea generoso con el pueblo español, desde Cádiz hasta Portbou y desde Cartagena hasta El Ferrol, usted no recogerá el premio de tal acto, pero su partido y los españoles si lo haremos. ¿No le interesaba el bien de España a los Españoles?


El Sr. Sánchez sucumbió por méritos propios, no se aproveche de la desgracia ajena y use los valores propios.